Desorden en el gallinero

Por Claudia Abraham

“Desorden en el gallinero”, dije cuando vi que Máximo Kirchner había renunciado a la Jefatura del bloque de diputados del Frente de Todos. La expresión “desorden” es literal.
¿Qué hacés vos cuando una parte de tu casa está desordenada?
A ver, tomemos como ejemplo el dormitorio. Tenés sobre la cama una parva de ropa que sacaste del tender. Entonces la doblás y la guardás en el placard. En el piso están tus ojotas, las zapatillas y las sandalias de taco que te pusiste anoche. Tomás el calzado, abrís la puerta de la mesita de luz o la botinera y lo ponés en su lugar. Por último, tendés la cama. No tiraste nada. Simplemente acomodaste.
¿Por qué Máximo Kirchner tomó esta decisión? ¿Por qué se corrió y no dio el portazo? Tal vez, como dijeron algunos compañeros, sea un intento por contener a sus propias bases y evitar su fuga (léanse futuros votos). Tal vez para marcar una posición desde adentro porque creía que las cosas se podían arreglar de otra manera. No, no hablo de no pagar la deuda. Ni se me ocurre que pueda pensarlo. Por eso, pedirle a Máximo Kirchner que convenza a los de su espacio para que voten en contra del acuerdo con el FMI y encima que convoque a una movilización, es como creer en los Reyes Magos.
Lo auspicioso sería que esas bases, que en muchos casos son militantes honestos que viven de su laburo y se conmueven con el dolor ajeno, como vos y yo, tomaran la decisión de movilizarse para exigir que esa plata que se le va a pagar al FMI, se utilice para salud, educación, construcción de viviendas, obra pública, creación de fábricas y lo que se te ocurra. Digo nada más que eso, porque lo otro sería tomar el destino en sus manos y hacer la revolución y a eso, no veo que nadie esté dispuesto, ni siquiera los que abrevan en el marxismo.
Digo que “sería auspicioso”, no que va a suceder. Eso sucedía antes, hace un poquito más de medio siglo, en los tiempos de Tosco, Salamanca, Ongaro, el Goyo Flores, el Petiso Páez, o como cuando en el 75, frente al Rodrigazo, los laburantes dijeron “con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes” y se lanzaron a la huelga y salieron masivamente a las calles.
La dictadura nos desapareció a los mejores, y los pocos buenos que quedaron y tuvieron el generoso gesto de sumarnos a una pequeña parte de la generación siguiente, hicieron lo que pudieron. Nosotros también hicimos los que pudimos.
El 2001 fue un momento de estallido social de carácter democrático en el que el pueblo salió a enfrentar el Estado de Sitio y luego se organizó en asambleas barriales. Su carácter fue netamente ciudadano. El gran ausente fue el movimiento obrero; y no me refiero a los cabezones, sino a los laburantes haciéndoles frente a ellos y dirigiendo las luchas. Eso no pasó, y así fue como la burguesía volvió a ganarnos la pulseada. El resultado de gritar “que se vayan todos” sin presentar alternativa de poder real, es que siempre habrá alguien que te gane la carrera.
No tengo la bola de cristal, pero creo que tal vez, si fuéramos menos chicaneros y sectarios, podríamos ayudar a que otros comprendan que se puede caminar sin muletas.

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