Cañada de Gómez - Santa Fe

 

 

 

 

 

DEL FRADE Y UN RICA HISTORIA DE LA PRENSA ARGENTINA

Desde Manuel Belgrano, que en 1801 fue el primer trabajador argentino de prensa remunerado,

11.04.17

 

ROBERTO LAROCCA

Gentileza Otrodía.com

 


Desde Manuel Belgrano, que en 1801 fue el primer trabajador argentino de prensa remunerado, hasta la actualidad de las redes sociales y los grandes conglomerados periodísticos de poder ilimitado, Del Frade recorre hitos y personajes de la investigación periodística de nuestro país.
El periodista y escritor rosarino presentó “Los gauchos malos de la prensa”, a partir de una iniciativa de la Asociación de DDHH de Cañada de Gómez, que recopila textos que previamente han sido premiados en diferentes ámbitos y ahora integran el volumen citado.
A cuarenta años de la desaparición por la dictadura de Rodolfo Walsh, emblema del periodismo investigativo, “Los gauchos…” rescata, desde los orígenes de la prensa argentina, a hombres que arriesgaron todo por obtener la información precisa. “El tener más información produce mejor opinión”, sostiene Del Frade, quien es a su vez autor de numerosos libros en los que pone en práctica ese principio, al desmenuzar historias que lo tuvieron largo tiempo preguntando, averiguando, investigando.

Desde principios del siglo diecinueve hasta la actualidad, el testo que se presentó este viernes en el Cervantes nos da un pantallazo de esa lucha por la verdad que en síntesis construyó y reconstruye buena parte de la historia argentina.
“Fue en 1998” rememora Del Frade “en Jaramillo, un pueblo que en ese entonces tenía 120 habitantes y un solo teléfono, cuyo nombre hizo conocido Osvaldo Bayer en su investigación de los fusilamientos de peones rurales en 1921, que tuvo a la zona como escenario”.
El libro “Los vengadores de la Patagonia Trágica” del periodista y escritor que puso a esa región como escenario de muchos de sus textos, también hizo conocido el nombre del poblado, donde se fusiló a “Facón Grande”, uno de los cabecillas de la rebelión de los trabajadores rurales que fue reprimida a sangre y fuego por el ejército. En la película La Patagonia Rebelde, basada en el texto de Bayer, Federico Luppi interpreta al rebelde abatido por las balas institucionales.

“En ese 1998 llegamos con Bayer al lugar –continúa Del Frade, en ocasión de inaugurarse una placa que homenajeaba a esos huelguistas. “Gracias escritor”, le decían a Bayer, quien contribuyó a poner el nombre Jaramillo en el mapa”.
Y allí Del Frade se despacha con un relato que pinta, en este caso a Bayer, el instinto, la persistencia y el valor de un investigador.
“Muchos años después de la huelga y los fusilamientos” cuenta Del Frade, Osvaldo Bayer, leyendo los obituarios en el diario, se enteró que un ex militar, de apellido Anaya, había fallecido. Era uno de los que habían participado en la represión a los peones patagónicos, junto al coronel Benigno Varela, quien la comandaba.”

“Bayer acudió al velatorio del mencionado militar, y en un momento se acercó a la viuda, y tras presentarse le preguntó sin ambages si no le quedaban papeles, o documentos, de la actuación de su esposo, que pudieran contribuir a enriquecer la historia. Primero hubo un momento de duda por parte de la mujer, por las circunstancias en que se daba el pedido, pero luego lo invitó a la casa, donde le dio un baúl lleno de documentos que contenía, nada menos, los telegramas secretos de las verdaderas acciones tomadas por los militares en aquella oportunidad, es decir los partes diarios que se comunicaban al gobierno central en Buenos Aires. Esa –dice Del Frade –fue una acción investigativa extraordinaria, que dio sustento al libro de Bayer, y un ejemplo de lo que ese extraordinario investigador realizó, como muchos otros, como Walsh con Operación Masacre, Gori con La Forestal, Dargoltz en Santiago con su Hacha y Quebracho, Rozsenvaig tucumano, con El Sexo del Azúcar, periodistas de todo el país, de gran valor, que reflejaron historias que de otra manera no iban a conocerse.

De Frade no lo dice en la nota, pero él es uno de ellos, en el tiempo que le toca vivir.